Magna barbaridad.
Lo de nombrarla “magna” no ha sido idea mía. En Sevilla, el día 7 de Diciembre de 2024, en plena pre-celebración navideña, con frío, olor a castañas asadas y con las luces que adornan las calles de la ciudad rememorando el nacimiento del “Niño Jesús”, se va a interpretar una procesión magna, para todos conocida como “La Magna”. Se trata de una puesta en escena, absolutamente extemporánea y con grandes aires de melomanía que raya lo enfermizo, de procesiones de cofradías religiosas, elegidas las imágenes por su alta veneración popular en esta provincia andaluza. Poniendo rápidamente números, se trata de sacar a la calle ocho “pasos” con sus titulares, desde el Gran Poder hasta Setefilla de Lora del Río, incluyendo la representación de la expiración de Cristo en la imagen del Cachorro a la misma vez que veremos en los múltiples escaparates y banderolas colgadas de los balcones (bueno yo no lo veré, ese día estaré comiendo migas en el campo) al Niño Jesús recién nacido, es decir, el mismo día la ciudad estará celebrando su nacimiento y su muerte y su madre llorará amargamente la muerte de su niño a la misma vez que se alegrará de haber sido madre primeriza. Hay que tener en cuenta que ese mismo día está en el medio de un puente festivo ya de por sí totalmente saturado de propios y extraños en la ciudad. Se movilizará la totalidad de la los efectivos disponibles de la policía local y el despliegue de la nacional y la guardia civil superará los disponibles durante cualquier día de Semana Santa. “Solamente” participarán trescientas personas por cofradía –multipliquen vds. por ocho- y se cortará al tráfico todo el centro de la ciudad, accesos y salidas del mismo y al barrio de Triana, pero previamente durante el traslado de los “pasos” de las cuatro hermandades de la ciudad a la catedral, acompañarán en el cortejo, en cada una, mil hermanos. Los hosteleros, lógicamente, a la vez que se están frotando las manos, están haciendo acopio de mercancías de manera extraordinaria. Hoteles y apartamentos turísticos, bastante subidos de precios, sin plazas lilbres para esos días. Más de 21.000 sillas –de pago por supuesto- dispuestas para ser alquiladas para ver pasar una tras otra las procesiones. En fín, por terminar de dar cifras, se prevé la presencia de un millón y medio de personas alrededor del evento.
Decía que lo de “magna” no lo había nombrado yo. Lo de “barbaridad” es un adjetivo que ese sí, se lo he añadido. Creo que se entiende lo que quiero definir, no obstante y por darle un aire menos vulgar, está bien definir en líneas generales el verdadero significado de palabra “bárbaro” que se enuncia como aquello ajeno y lejano a una cultura y sus costumbres, sobre todo en referencia a la cultura de la civilización grecorromana. Ajeno y lejano a las costumbres de un pueblo…
En primavera, en las ciudades y pueblos de casi todos los lugares católicos y hablo ahora de Andalucía y todavía más a lo que me duele, de Sevilla, se celebra la Semana Santa. Desde muchos puntos de vista se puede analizar ese ritual que se repite de forma anual coincidiendo con un calendario basado en la religiosidad que antaño inundó todos los aspectos sociales de una católica, apostólica y romana España. Hoy, esa semana poliédrica, está llena de distintas formas de vivirla, pero en común está el festejo y la celebración de salir a la calle, vestidos con las mejores prendas de entretiempo, con alegría y júbilo, llenando no sólo iglesias en horarios de misa, sino también bares y tascas, plazas y calles por donde transcurren procesiones con sus nazarenos y esos “pasos” llenos de arte barroco con proporciones mágicas llenas de luz y de olor. Es en primavera cuando ello ocurre. Y después, hasta el año que viene. O no. Digo o no, porque últimamente el tema de sacar “pasos” a la calle en cualquier fecha del año, con todo su bombo y boato, bajo cualquier escusa peregrina y rebuscada, está de moda. Muy de moda. Parece como esta sociedad necesitara cada vez más, por una parte estar continuamente de fiesta (hiper-estimulada) y por otra saciar un anhelo de sentimiento de permanencia a… ¿a qué? ¿A una identidad religiosa sin compromiso espiritual? ¿O se tratará únicamente de dar respuesta a la primera necesidad (lo festivo) y para ello revestir todo lo que lo envuelve de un sinfín de justificaciones muy bien entrelazadas con discursos tan grandilocuentes como vacíos de principios y compromisos.
Tal vez quede analizar el porqué de este magno y bárbaro evento, el origen de la idea, pero me niego a hablar sobre los motivos seudo-enfermizos con delirios de grandeza de unos y otros de los organizadores que han llevado a confeccionar y poner en práctica una barbaridad, algo ajeno a la cultura de un pueblo, porque desnaturalizar la esencia de una cofradía en la calle en Sevilla es, desde mi punto de vista, además de una falta de respeto inmensa a la Fiesta Grande de Sevilla, anteponer intereses personales de la jerarquía eclesiástica y de los que manejan el consejo de hermandades y cofradías al mantenimiento tranquilo y quieto de lo que debe quedar en tranquilidad y quietud hasta la siguiente primavera. Busquen el “motivo” del porqué han montando este circo, encontrarán información oficial al momento.
En vez de defender nuestras costumbres, ritos y tradiciones, las estamos vendiendo baratas y las están comprando a precios de saldo por una parte la vanidad y por otra la esquizofrenia. Hablo en general de esta sociedad gravemente enferma.
“Siempre hubo centuriones y mercenarios en
todas las fronteras del Imperio. Hasta que se pasaron al enemigo y se acabó el
imperio. Es contradictorio e imposible (y peligroso) disfrutar de las ventajas
de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros.”
- Arturo Pérez-Reverte







